De no ser por la escasa cantidad de público que se reúne en una sala, el cine sería, de largo, el mejor medio publicitario posible. Sin zapping, a oscuras, casi obligatoriamente dirigiendo la mirada a una pantalla gigante y con un sonido envolvente espectacular, los anuncios en formato cine pueden lograr unos índices de recuerdo verdaderamente inigualables.
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